lunes, 28 de mayo de 2012

LA MIÑOSA, Soria



          La Miñosa, importante ciudad de la provincia de Soria (Castilla, España), está situada a 41º 26’ 50” de latitud norte y 2º 31’ 52” de longitud oeste, a una altitud de 954 metros.  

     La iglesia de Santa María Magdalena preside la Plaza Mayor, centro de la población e inicio de amplias calles y avenidas y punto de encuentro y escenario de la mayor parte de las actividades tanto comerciales como festivas e incluso religiosas.
      
Del sur de la plaza parte la calle que, transformándose en camino, sube suavemente hasta encontrar en línea recta la Fuente Vieja y alcanza el cerro, inicio de la Sierra de Hontalbilla, una de las más orientales del Sistema Central; los vientos, lluvias, nieves y fríos se los adjudican, sin embargo, al vecino Sistema Ibérico, siendo la majestuosa silueta del Moncayo indicador infalible del tiempo que va a hacer.

       Está situada en la ribera este del río de la Pesquera, cuyo nombre indica claramente su importancia (en otros tiempos bastaba meter la mano en sus aguas, cerrarla y sacar un puñado de cangrejos). Pronto se une al río Morón y ambos, poco más allá, aportan su caudal al Duero.

Al este de La Miñosa están Bordejé y Coscurita. Al sur, Frechilla de Almazán (capital del municipio), Balluncar y Cobertelada. Al oeste, Almántiga y Covarrubias. Al norte, Almazán.
      
La Miñosa
                                                
Puerta de la Villa, Almazán
Y dos miñosinas,
Lourdes y Mª Paz
      Su historia se pierde en los brumosos tiempos en los que no había Historia. Se sabe con certeza que por aquí estuvieron los arévacos (lo atestiguan sus poblados, cuya ubicación me niego a desvelar) y, evidentemente, Publio Cornelio Escipión Emiliano y sus legiones romanas que rápidamente se hicieron con toda la ribera del Duero (Numancia le costó algo más). La civilización romana borró la mayor parte de lo ibérico (no he visto rencor en Castilla contra los romanos que nos conquistaron a sangre y fuego, al fin y al cabo somos también descendientes de ellos, por lo que los conquistadores fuimos nosotros…); la oscura e interesante época visigoda dio paso al largo periodo árabe en que el río Duero cobró una gran importancia. Se erigieron numerosos castillos y torres de vigilancia y se fundaron y fortificaron ciudades estratégicas: Almazán. Es evidente que eligieron el lugar idóneo: cerro junto al Duero   y dominando una amplísima comarca, limitada por los Picos de Urbión, el Moncayo, el Sistema Central… También vivieron estas tierras las correrías de Almanzor. Alfonso VI las reconquistó en 1098. Por aquí estuvo Rodrigo Díaz de Vivar, naturalmente. Pero todos aquellos insignes personajes eran visitantes. Entre los habitantes de las áridas y rojizas tierras del Duero hubo un gran  poeta  que escribió  “El cantar de Mío Cid” y, aparte de las hazañas de .Rodrigo Díaz, describió minuciosamente las comarcas sorianas y más concretamente las bellísimas Berlanga de Duero y Medinaceli.   

Se aprecia en esta imagen tomada de
Google Earth la Cañada Real Soriana Oriental


Una vez consolidada la reconquista, las tierras de Almazán adquieren una nueva importancia estratégica: A un tiro de piedra de La Miñosa está la Cañada Real Soriana Oriental, magnífica vía pecuaria que une Sevilla y el norte de Soria (y sur de La Rioja), la más larga de todas con sus 800   kilómetros de longitud y 90 varas (75 metros) de anchura y por la que en los meses de mayo y junio subían rebaños de miles de churras y merinas previamente esquiladas y marcadas con pez, regresando en octubre al sur. Su trazado está  perfectamente diseñado aprovechando las fuentes que convirtieron en abrevaderos imprescindibles para el camino; dispone de descansaderos, tainas, majadas…y exquisitas setas de cardo.     

El Noticiero de Soria, 16-01-1897
                                                                                   
Crescencio


                                                                                                 ***                                     
                                          Recuerdos de La Miñosa

        Hubo un tiempo en que de los dos caños de la fuente de la plaza salían buenos chorros de agua. De allí el agua iba al cercano lavadero y al pilón donde al atardecer saciaban su sed las numerosas vacas que volvían de su jornada en la dehesa. El agua continuaba su curso y terminaba en el abrevadero de las ovejas. Los miñosinos almacenaban en sus casas varios cántaros llenos de agua y se sentían afortunados por tener la fuente en la plaza, sus padres tenían que ir a buscarla a la Fuente Vieja (manantial en lo alto del cerro, obra realizada en piedra en 1886, según documenta Crescencio) y a lavar la ropa al río.
Mª. Paz Pascual Peña ante la casa donde nació
                                                            
      Cuando yo aparecí en este mundo acababa de llegar la luz, literalmente, puesto que la electricidad solamente se utilizaba para iluminación: la única bombilla pública estaba situada en la esquina de la casa de los abuelos Rafael y Toribia y allí se reunía todo el pueblo las noches de verano, sentado en el poyo allí existente. 

Felipe, Felicitas, Juliana, Juan

    Casi todos los habitantes eran labradores. Sus casas, por lo tanto, estaban dispuestas para ello: tenían salas con sus correspondientes alcobas; pequeños cuartos de estar con estufa  y brasero donde también se comía, se


           
                              Entrada por el camino de Almazán. En primer término estaban las eras



jugaba a las cartas, se leían los “papeles”…; gran cocina con enorme hogar siempre encendido con numerosos pucheros y ollas colgando; despensa donde se almacenaban víveres, tinajas con chorizo y lomo, jamones, morcillas, odres de vino, pan…; otra cocina anexa con horno donde se elaboraba y cocía el pan y otras viandas; una gran cuadra con los caballos, machos, mulas, vacas y, en sitio preferente, el burro; una pocilga donde solían estar cerdas parturientas; un gallinero detrás de la cuadra; un pajar, con acceso a la cuadra; la cámara, en el piso superior, donde se guardaban los más variados objetos: lana, toneles, triciclos, cribas, casitas de muñecas, ruecas, catres, sacos, candiles, mantas, arreos, libros viejos... y se almacenaba el grano. Aparte de las casas donde vivían solían tener otros corrales y cortes con aposentos para patos, conejos, cerdos; cocheras para guardar carros, arados, trillos y numerosos aperos.

Entrada por el camino de Bordejé


El trabajo era muy duro. A la labranza con mula y arado seguía la siembra. Si los pájaros dejaban algunos granos y llovía a tiempo y no los mataba el pedrisco, llegaba el momento de la siega, realizada con hoces y guadañas hasta que llegó el prodigioso invento de la segadora; las gavillas eran transportadas en carros a las eras; una vez preparada la parva se procedía al trillado: una mula tiraba del trillo dando vueltas una y otra vez hasta hasta  desmenuzar completamente las espigas;  al atardecer, cuando una suave brisa ponía fin al bochornoso día, se pasaba al aventado: armados de horcas, removían la parva arrojando a lo alto la mies y el viento se  llevaba la paja cayendo al suelo el trigo, cada vez más limpio; un enérgico cribado remataba la operación; el trigo en sacos de 100 kilogramos y la paja en bruto eran llevados a su sitio: el grano al granero y la paja al pajar.
   
Emilia, Cristina, Patricia y Genara
           ¿Cómo podían cargarse en la espalda 100 sacos de 100 kilos y llevarlos hasta la casa y subirlos por las escaleras hasta la cámara?  Muy sencillo: eran sorianos,  miñosinos. Ayudaba mucho el desayuno:  un par de chorizos grandes, dos torreznos, dos trozos de lomo adobado, dos huevos fritos, jamón, pan y vino abundantes, un melón… Solía el abuelo Rafael contratar a uno o dos mozos que le ayudaban en las interminables tareas de la cosecha, que duraba tres meses: siempre se portaron muy bien con los niños de la casa; cuando terminaba el trabajo todo era fiesta y nadie se acordaba de fatigas pasadas o futuras.                

            
Vicente García García y
Rafaela Lapeña Lorrio

Una historia de amor: él murió el 22 de marzo de 1925
y ella 12 días después, el 3 de abril.

Gracias a Lourdes por guardarla tan bien
y a Froilán por encontrarla.
                                                       
      Aunque hubo escuelas en La Miñosa, pronto desaparecieron. Mi tía-abuela Quiteria comenzó su carrera de maestra en La Miñosa, luego se trasladó a Ágreda y finalmente a Madrid. Mi madre, Emilia, iba a Balluncar, de donde eran y vivían sus abuelos paternos. Por cierto, allí hizo su primera comunión y ese día su abuela le regaló una onza de chocolate. Otros niños iban andando a Frechilla o Bordejé. Contaba mi padre, Isidro, que cuando volvía de la escuela, de Bordejé, con un ojo morado, tenía que decirle a su padre que se había caído por el camino, porque si le confesaba que le había pegado el maestro peligraba su ojo sano...


Fermín García Lapeña
Emigró a Argentina y nunca volvió
                                  

Gregoria y Marcelino

     A mediados de septiembre, la víspera de la fiesta de La Miñosa, siempre se seguía un riguroso protocolo: Mientras las mujeres procedían a enjalbegar el zaguán de la casa, el abuelo, armado de su escalera, recogía todos los racimos de la frondosa parra que daba la vuelta a su casa: estaba escarmentado de que los forasteros que venían a la fiesta se le comieran las uvas. Almacenaba los racimos colgados y en el suelo de la cámara y había uvas para cuatro meses. El día de la fiesta, el 22 de septiembre, se vestían de fiesta. Había misa solemne y el vaquero habilitaba una cantina en el portal de su casa a base de cajas de botellines, refrescos y chucherías. Por la tarde había música, momento culminante de la fiesta, allí acudían los mozos de los pueblos cercanos, atraídos por las mozas que acompañadas de sus padres y hermanos iban a celebrar la fiesta a casa de familiares…
         ¿Por qué la fiesta de La Miñosa es el 22 de septiembre y no el 22 de julio, festividad de Santa María Magdalena? No he conseguido averiguarlo. Pero hay una teoría razonable: julio era el mes de la cosecha, había mucho trabajo y en algún momento decidirían trasladarla a septiembre, mes tranquilo y festivo en muchos pueblos. A mí se me ocurre otra teoría: el 22 de julio de 1921 fue el Desastre de Annual (Marruecos), agonía que continuó el 23 con la horrible retirada de Dar Drius, donde "desapareció" el miñosino Bruno Rupérez Sanz. Ese día tan negro en el que murieron tantos miles de españoles no era el más adecuado para celebrar nada, y más teniendo en cuenta que medio pueblo era familiar de Bruno...


                                                      
                                    
                                                                      Mozas de La Miñosa, hacia 1940
                                                                      Gracias, Roberto y Amparo 
                                                                   De pie, en el centro, Cristina; a su derecha, Emilia;
                                                                      debajo, Genara. Falta poner el nombre del resto. 
                                
      Otro momento de reunión familiar y festivo era la matanza, con dos momentos muy diferentes: el terrible acto de la muerte del cerdo y su posterior conversión en manjar. Llegado el día de autos y con la ayuda de varios familiares y vecinos, el valiente protagonista tenía en la pocilga una breve conversación con el cerdo. Le acariciaba y se despedía de él. De pronto, le hincaba un gancho en la garganta. Se fijaba el otro extremo del gancho en la pierna y tiraba de él, ayudado en su empuje por el resto de los hombres. El cerdo chillaba de una forma tan horrorosa que se oía en toda la comarca, unos instantes espantosos que no se pueden olvidar. 

Poco a poco iban sacando al cerdo entre todos hasta tumbarlo en un banco, todo acompañado de los pavorosos chillidos. Se ponía un caldero bajo el banco y se le cortaba con un cuchillo la yugular, saliendo al momento un chorro de sangre que iba llenando el caldero, sangre removida por alguna mujer. Los lamentos del cerdo eran cada vez más tenues hasta desaparecer. Entonces se colocaba su cuerpo sobre un montón de paja, se le cubría también de paja y se quemaba, raspando la piel para eliminar las cerdas.

Matanza en casa del abuelo Rafael

      Tomada a finales de 1953 (o principios de 1954), de autor anónimo (de momento). Cortesía de Rosa María Peña y Lourdes Pascual Peña. De izquierda a derecha, Isidro, Rafael, Amarato, Gregorio, Lourdes, Erika, Eliezer, Emilia, María Paz y Manuela; todos rodeando al (pobre) Cerdo. 

      Seguía un trabajo frenético. Mientras unos limpiaban las tripas, un experto iba descuartizando el cadáver previamente colgado de una viga. Al momento se fabricaban los chorizos, las morcillas, los lomos, costillas, jamones… Todo el año había chorizos y lomos sumergidos en tinajas de aceite, deliciosos.



 
Inocenta
     El pan se fabricaba en casa.  Hacían enormes hogazas que cocían en el horno que había en cada casa y duraba varias semanas. Todo se aprovechaba: El aceite y la grasa se convertía en jabón, un trabajo duro de un día pero muy productivo y valioso. Además del aseo personal (en jofainas y palanganas) servía para lavar la ropa de todo el año: las mujeres iban con su tabla de lavar y su ropa al río; en invierno tenían que romper el hielo… pero en los años cincuenta construyeron el lavadero público, con lo que parecía que La Miñosa se unía al progreso.

Posada de Almazán.
      El progreso llegó también cuando apareció Arcadio con su carro (después su camioneta) que, una vez a la semana, vendía diversos artículos. En la Plaza Mayor de Almazán se organizaba el  mercado semanal; allí iban todos, como si fuera el barrio comercial de La Miñosa. El abuelo Rafael aparejaba al burro, le ponía junto a su casa mirando al norte y le decía: “¡Arre!”. No le decía nada más. El burro cruzaba la dehesa, se internaba en Almazán, entraba por la Puerta Herreros y se dirigía directamente a la posada, a su pesebre. El abuelo fumaba Cuarterón. Un día que no fue él a comprarlo, sentado en la mesa con las lentejas humeantes, preguntó por el tabaco. Al oír a sus hijas que se les había olvidado, tras lanzar un juramento, se levantó, aparejó al burro y fue a comprarlo. Si ponía al burro mirando al sur, iba sin titubear a los huertos de Balluncar. Así llegaban mis hermanas sin problemas para recoger tomates. A veces se equivocaban y se llevaban los del huerto vecino…
Erika, Lourdes, Mª. Paz
     Siempre iban a las fiestas y a las ferias de Almazán. La feria se desarrollaba en las eras, donde se volvían a encontrar todos los habitantes de la comarca. Además del comercio de  multitud de caballos, mulas, burros, vacas… la feria se aprovechaba, en otros tiempos, por ejemplo, para las ejecuciones. Contaba mi abuela Toribia que, siendo moza, a principios del siglo XX, asistió al ahorcamiento de dos hombres, al parecer funcionarios del Ayuntamiento…

      La abuela Toribia era una lectora incansable e insaciable;  leía todo lo que se ponía a su alcance, preferentemente los "papeles": Campo Soriano y las más variadas revistas así como el Calendario Zaragozano, almanaques... No daba importancia a la actualidad, le interesaban las noticias y  cualquier artículo  o reportaje; todo lo archivaba  en su prodigiosa memoria, de manera que podía hablar tanto de las andanzas de Perón y los discursos de Fidel Castro como de los últimos terremotos de China o de la actualidad política mexicana. Sabía con detalle  los crímenes,  las bodas o los fallecimientos de toda la provincia, con nombres, fechas y lugares.


Toribia
                                                                                             
   Hacía las cuentas mentalmente, traduciendo automáticamente las cantidades de dinero (cuartos, perras) a duros o reales; hablaba de cuartillos, celemines, fanegas, arrobas, quintales, libras, cántaras... Tenía controladas las cartas de sus contrincantes cuando jugaban a la "briesca", anotando los puntos que llevaban en su cabeza. Hablaba con propiedad, denominando siempre a cada cosa por su verdadero nombre, algunas veces arcaico: "aquesta vegada"... "modorro"... "pizorra"... "allende"...

Toribia con sus nietos Roberto,
Pilar y Eduardo
"puga"... "mieja"... Llevaba un control riguroso de su casa. Como el chocolate, galletas y golosinas tenían que durar una semana, los guardaba en la rinconera, bien cerrada con llave que guardaba en su inexpugnable refajo... si no había chocolate nos daba para merendar pan con vino y azúcar... Se vestía totalmente de negro; seguramente iba empalmando el luto por un familiar con el siguiente. Siempre llevaba toquilla: en invierno era cálida y en verano protegía del sol. No existía Internet, ni televisión, no había radio ni cine. Ni teléfono. Pero aseguro que se comunicaban más y mejor que ahora y se divertían más... y mejor.

Juliana con Carlos, Margarita y Enrique

Juan
        El tío Juan era un hombre emprendedor. Tenía una finca de secano al lado del río y, con toda lógica, un día, pensó:  "En esta finca tiene que haber agua". Una vez hechos los cálculos oportunos, ordenó a sus hijos la construcción de un pozo que suministrara agua a su terreno. Se entregaron todos con ahínco a la faena. El trabajo era sencillo, ya que la tierra era arenosa. A medida que iban profundizando se iban desmoronando las paredes del pozo. Cavaron más, y más... sacando cada vez más tierra... El tío Juan vio cumplido su objetivo: un enorme pozo con abundante agua... que ocupaba la totalidad de la finca... y sin nada que poder regar.


Felipe y Canela
       La entrañable tía Juliana tenía terror de las tormentas. Recuerdo aquellas tardes de verano con truenos y nubes amenazantes y a la tía entregada a la laboriosa tarea de proteger su casa con infinidad de estampas y santos que colocaba adosados a la pared. No consta que ningún rayo dañara su casa. Acompañó a su hermana Quiteria, maestra, a Madrid, pero pronto regresó a La Miñosa. Tanto ella como sus dieciséis hermanos eran cultos y trabajadores. Se las ingeniaba para conseguir mantas, botas y chaquetas para sus hijos intercambiándoselos a los militares de la estación por chorizos y huevos duros... Eran famosos sus calostros y flanes que ponía a enfriar en la ventana. Pero a veces desaparecían...   
   
Algunos miñosinos figuran entre los héroes de España. Bruno Rupérez Sanz pasó en 1920 de ser honrado labrador a valiente soldado. Estaba en Marruecos cuando se produjo una de las mayores catástrofes que hemos sufrido: el Desastre de Annual. Desapareció durante la horrorosa retirada de Dar Drius, el día 23 de julio de 1921. Nunca oí a su hermana Toribia mencionar esta tragedia, pero la prensa de la época sí publicaba breves noticias: 



El Porvenir Castellano, 6-02-1922
                                                              

El Porvenir Castellano, 15-05-1922
                                                  
                                                   
Isidro; su padre era muy viejo para
 ir a la Guerra, y él demasiado joven.
       Cuando la noticia del estallido de la Guerra Civil llegó a La Miñosa, el abuelo Francisco se apresuró a llevar a toda su familia al monte; allí cavaron una gran  zanja     y  se metieron dentro camuflándola con ramajes y así decidieron estar atrincherados hasta que pasara la Guerra. Hartos de esperar, viendo que no ocurría nada y muertos de hambre, al tercer día volvieron a su casa donde permanecieron sin que nadie se preocupara de atacarles.
     
      Los   italianos improvisaron un aeródromo en la dehesa; allí iban los niños a ver de cerca los cazas; mi madre contaba que los pilotos invitaban... a las niñas a subir a aquellos artefactos, dándoles varias vueltas sobrevolando La Miñosa.
  
          Durante la Guerra los labradores tenían que declarar la cosecha del año siguiente. El abuelo Rafael, hombre honrado, bonachón e inocente, declaraba siempre más de la cuenta. Como cosechaba menos de lo reseñado tenía que pedir trigo prestado a familiares o comprar la diferencia para entregárselo todo al Estado, que pagaba con vales. Eran los años del pan negro y las gachas y las guijas y los espigadores, en los que tenían que comprar pan a los pobres que periódicamente visitaban La Miñosa.

                 
                   Francisco



Rafael






                                                         El avisador numantino, 30-12-1936
                                                           Durante la Guerra Civil se hacían frecuentes
                                                    llamamientos a la aportación de ayudas para el Ejército Nacional.
                                                  Se supone que todos colaboraban, por lo que aquí están (casi) todas
                                                          las familias de cada pueblo de la provincia.

                                                          





 El avisador numantino, 2-01-1937




       El avisador numantino narraba minuciosamente en su edición del día 15 de enero de 1938 la gesta de un grupo de sorianos, entre los que se encontraba el miñosino Pedro de Francisco Pascual, quienes resistieron entre los escombros de la Comandancia Militar de Teruel un brutal asedio desde el 15 de diciembre de 1937. 
      Relata uno de ellos, José María García, las mil penalidades que sufrieron y el cruce del río Turia: 
   "Nuestras fuerzas resistieron un fuerte ataque enemigo, que acometía con formidable número de tanques y de piezas artilleras [...] se desarrolló sobre la Ciudad un feroz bombardeo [...]. Día 23.- La lucha es horrible, matamos, y nos matan mucha gente [...]. Día 24.- No quiero describir horripilantes hechos que han dejado en mi alma emociones imperecederas. ¡Qué horror! Pero la defensa de la Comandancia siguió firme, serena, irreductible [...]. Día 25.- La furia artillera del enemigo no logra rendirnos [...]. Utilizamos el agua de las cañerías de los retretes y de los elementos de calefacción [...]. Día 31.-. Se acaban las provisiones. Una sardina al día por barba...".
   La noche del 7 de enero, ante la rendición inminente, decidieron evadirse.
      "Llegamos a la orilla del Turia, que aparecía muy caudaloso; sin cimbear nos decidimos a vadearlo. El agua en ciertos puntos, casi nos cubría y yo salvé profundidades de metro y medio. Al acercarnos al extremo opuesto una corriente impetuosa nos arrastraba. Creo que pereció algún fugitivo. Agarrándonos a las matas del ribazo y no sin grandes esfuerzos pudimos poner pie en tierra. Soportábamos una temperatura de 14 grados bajo cero. En cuanto salimos del agua, nuestra ropa helada tomó forma de placas de cartón y de hierro...".
      Los que sobrevivieron y llegaron a la zona nacional aún tuvieron que padecer una última adversidad: les tomaron por enemigos y estuvieron a punto de ser fusilados.
     Finalmente fueron tratados como héroes y recompensados cada uno con 100 pesetas.
        Aquella horrorosa experiencia se convirtió en leyenda porque Pedro la "olvidó" y nunca quiso hablar de ella. 
            
                     


                                             

                                                             El avisador numantino, 15-01-1938


                                                 

                                                        
                                                              La Guerra Civil dejó exhaustas las arcas (y el gallinero) de Rafael.
                                                             Anuncio publicado en El avisador numantino los días 16 y 20 de septiembre de 1939.



El avisador numantino, 10-06-1925
                                                                                                                                                        


Entre la dehesa y el pinar pasa (pasaba), encajonado, el ferrocarril Valladolid – Ariza. Allí estaba ubicada la estación Almazán Dehesa; numerosas casillas jalonaban el recorrido de las vías, habitadas por ferroviarios y sus familias.  El tío Eugenio Redondo era ferroviario y sindicalista; fiel a sus principios e impulsos, un día, viendo una concentración de militares, levantó el puño haciendo algún comentario subversivo: fue inmediatamente detenido por la Guardia Civil y condenado a muerte. Salvó su vida, contaban, gracias a la insistencia y perseverancia de su mujer, Genara Pascual, que logró que el Gobernador Civil se apiadara de ellos. No se libró, sin embargo, de largos años de cárcel. 


El avisador numantino, 28-02-1940

La dehesa de La Miñosa era inmensa; llegaba desde las eras, a las afueras del pueblo, hasta la estación “Almazán Dehesa”. Había 60 reses en 1940, según manifestaba el Alcalde en los anuncios en los que se solicitaba “Vaquero”.


Tan enorme era que algunos miñosinos consideraban que era demasiado grande. Y viendo cómo está ahora, desaparecida, los tres intrépidos cuñados protagonistas de esta noticia que publicaban los periódicos de la provincia parecen iluminados profetas: 

El Noticiero de Soria, 2-01-1930
                                                                                   
       Había en La Miñosa otros habitantes no menos importantes: en cada casa varios gatos mantenían a raya a los ratones que trataban de atacar al grano; perros incansables que igual cazaban codornices, defendían un rebaño que lamían al abuelo Rafael mendigando un hueso; todos los años volvían a su nido en la arboleda la pareja de cigüeñas miñosinas; en el piso de arriba del palomar criaban las palomas y en el de abajo las abejas producían miel en sus colmenas; cuando moría algún animal lo llevaban a un muladar del camino de la Fuente Vieja y allí acudían buitres de toda la provincia; había zorros, golondrinas, moscas… colgaban mosqueros del techo y allí se iban pegando hasta que tenían que cambiarlo por otro… A la luz de la bombilla pública, donde se reunían todos, acudían mosquitos y otros insectos; el tío Teodoro lanzaba al aire su boina e invariablemente caía con un murciélago dentro; después de observarlo (a veces se le “permitía” fumar un cigarrillo…) era liberado y continuaba su cacería de mosquitos… Cuando cesaba el griterío de los pájaros comenzaba el de las chicharras, grillos, ranas…

      En Almazán se solían celebrar también las bodas. Las fotografías eran raras y caras, por eso las de las bodas son tan entrañables, ahora podemos ver en ellas tantas caras de miñosinos, muchos desaparecidos.

           
Boda de Ángel y Cristina
                                                                             
Boda de Mariano y Natalia
                                                                      
                   La Miñosa, tierra de poetas y copleros



     A finales de la década de los años cincuenta del siglo XX los vecinos de La Miñosa realizaron unas importantes obras en la iglesia, principalmente en la cubierta y, desde luego, en el tejado.  Su inauguración, dicen las crónicas, fue grandiosa. Con este motivo se desencadenó la irrefrenable vocación poética miñosina y se compusieron unas coplas que, después de más de cincuenta años, no se nos han olvidado. ¿Quién las compuso? La Miñosa; yo creo que las mujeres tuvieron mucho que ver, puesto que no se menciona a ninguna de ellas. Con la complicidad del cura, evidentemente.

Iglesia de Santa María Magdalena, La Miñosa

                                    
       Tienen un fino humor, a veces algo negro:

El tío Francisco

dice al tío Rafael:

en este trocito de tierra

¡qué bien se estará después!

     Algunas veces mordaces:

El tío Juan sabe lo suyo:

cuando hay que ir a trabajar

dice que está muy malito.

Lo mejor, a descansar.


      Otras veces las necesidades de rima precisaban de alguna licencia poética:

Tiene nombre de italiano,

por eso se llama Delfino;

le gusta mucho cantar

             y pegarle bien al vino.              

     También hacían referencia al progreso:

Desde que llegó el progreso de los tractores

el tío Antonio con el suyo

se marca muchos faroles.

Es de justicia decir

que Antonio con su tractor

trabaja como los buenos.

     Y a pactos secretos:

Entre La Miñosa y Balluncar

han hecho un pacto secreto:

las consignas las ha dado

el bueno del tío Crescencio.


 De vez en cuando el coro cantaba esto:
                


    Y el rapsoda continuaba:

Un buen picapedrero

no se encuentra en todas partes:

preguntádselo a Teodoro,

veréis lo que el mozo sabe.

     Y:

-¡Tira de la cuerda ya!

-De la cuerda estoy tirando.

-Pues… ¿Qué le pasa al caldero

que no sube, Severiano?

     El coro remataba:




     Seguro que hay más coplas. A ver si algún miñosino se acuerda y las podemos escribir, porque la memoria se pierde y, finalmente, se disuelve… Algunos no tienen copla: Marcelino, Isidro… Ya no vivían en La Miñosa.




Primitiva y Crescencio



Blanca
                                                                                                                                                                                                                      
 

Mamá, Raquel; bisabuela, Emilia; abuela, Lourdes.
Yo, Èric.
Gracias, David Rovira.
                                                                                          
                                                          EPÍLOGO

      Si consultamos en un buscador de Internet “La Miñosa”, al momento aparece en el listado de “pueblos abandonados”. Se ilustran los artículos con fotografías de casas hundidas, tejados destruidos, vigas caídas, ventanas sin cristales, puertas desencajadas, maleza por doquier, desolación… todo ello acompañado de expresiones de pobreza, miseria…
     
     Hay alguna excepción: afortunadamente existen  personas sensibles, trabajadoras e inteligentes que tratan a nuestros pueblos con amor, como lo demuestra Faustino Calderón en su extraordinario blog "Los pueblos deshabitados".    

      El motivo de estas líneas es, precisamente, rebatir casi todo lo que se puede leer sobre La Miñosa, con la excepción citada. Existe una La Miñosa bonita, próspera y, fundamentalmente, existimos los muchos miñosinos que nunca la hemos abandonado y la llevamos y llevaremos siempre en nuestro pensamiento y, por muy lejos que estemos, siempre acabaremos volviendo. En el siglo XXI no se puede vivir como en la Edad del Bronce; no solamente no hay agua corriente: hace muchos años que de la fuente no sale ni una gota de agua. Dado que el Estado se niega rotunda y contumazmente a llevar el agua a La Miñosa, hago un llamamiento a estas O.N.G. cuya labor es llevar el agua a recónditos poblados africanos a que hagan lo propio en La Miñosa: el presupuesto sería muy escaso, bastaría sanear la Fuente Vieja y reparar la tubería existente o cambiarla por otra, de un kilómetro. Estoy seguro de que Balluncar le cedería parte de la extraordinaria agua que le sobra.  

      Desde hace varios años, en verano, se celebra en Soria un festival de música con el fin de recaudar fondos para acciones solidarias con varios países de África, Festival Enclave del Agua:



                              









       Una acción solidaria admirable, lástima que se ignore que a pocas leguas de Soria está La Miñosa, con peor situación que aquellos pueblos de Tanzania, Kenia y Etiopía, porque ellos están en proyectos solidarios... 


Como la fuente está seca, se ha puesto al lado un depósito con agua.
Aunque dicen quienes la han probado que no es muy
recomendable, al menos está a la sombra.
Para desbeber hay que ir detrás del lavadero.
(Imagen tomada de Google).

                                   Agradecimientos

A Blanca. A Lourdes. A Rosa María. A Crescencio. A Teodoro. A Primitiva. A Natalia. A Cristina… A todos los miñosinos.
A Emilia Peña Rupérez, que hoy cumple sus primeros 90 años. ¡Felicidades!

A los sorianos.

A todos os dedico este soneto palindrómico:

A Soria

Oí rodar odre, canoro son;
allí víveres dio, seta se da
sopera y allí vergel arará;
pon asado a leños; oré pie, ron.

Asoma, rara cañada, portón;
la onagra de dehesa pacerá;
arenal: no se mete vaca, ¡ja!;
ve una nueva jaca, vete mesón.

Lanera, aré, ¡ca!; pase he de dar, gano;
alno tropa daña cara ramosa;
no reí, pero soñé la oda sano.

Parar, alegre villa ya reposa;
desates; oíd, seré; viví llano
soro, nacer dorado río, ¡airosa!

 * * *











3 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, he necesitado un pañuelo para enjugar mis lágrimas recordando mis tiempos de juventud.

    Garcias hermano.

    Lourdes

    Dabale arroz a la zorra el abad.
    a caso hubo buhos aca.
    nada, yo soy Adan.

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  2. ¡Gracias a tí, Lourdes! Tus recuerdos han mantenido vivos los míos. ¡Gracias!
    Veo que te estás iniciando en el palindromismo. Es muy divertido: tienes todas las palabras para jugar con ellas; cuando consigues uno interesante te sientes más feliz que Miguel Ángel recién terminado su David...

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  3. Impresionante pagina sobre La Miñosa, me la dio a conocer un descendiente de alli y me he quedado impresionado al leerla, son de las que a mi me encanta escuchar y leer.
    Le felicito sinceramente Eliezer.

    Saludos.

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